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Marcela Bortoni

Nutrióloga
e Iridóloga

Enfermedad de Crohn

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La enfermedad de Crohn es una inflamación de la pared intestinal que puede afectar cualquier parte del tubo digestivo.

No se conoce con certeza la causa de la enfermedad de Crohn, pero muchos investigadores creen que una disfunción del sistema inmunitario causa una hiperreacción del intestino frente a agentes ambientales, de la dieta o infecciosos. Ciertas personas pueden tener una predisposición hereditaria a presentar esta disfunción del sistema inmunitario. El tabaquismo parece contribuir tanto al desarrollo de la enfermedad de Crohn como a sus empeoramientos periódicos (brotes o ataques).

En las últimas décadas, la incidencia de la enfermedad de Crohn ha aumentado en todo el mundo. La enfemerdad se da con la misma frecuencia en ambos sexos, aparece a menudo en miembros de la misma familia y se desarrolla antes de los 35 años de edad, por lo general entre los 15 y los 25 años.

Habitualmente, la enfermedad de Crohn afecta la última porción del intestino delgado (íleon) y al intestino grueso, pero puede afectar a cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano e incluso a la piel alrededor del ano. La enfermedad puede afectar algunos segmentos del tracto digestivo, dejando algunos segmentos normales entre las áreas afectadas (áreas preservadas).

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad de Crohn?

Los síntomas precoces más característicos consisten en diarrea crónica (a veces con sangre), dolor abdominal con retortijones, fiebre, pérdida de apetito y pérdida de peso. Los síntomas duran días o semanas y pueden resolverse sin tratamiento; sin embargo, la enfermedad de Crohn reaparece casi siempre a intervalos irregulares a lo largo de toda la vida. Estas reapariciones pueden ser leves o graves, breves o prolongadas. Los brotes graves derivan en dolor abdominal intenso, deshidratación y pérdida de sangre.

En los niños, los síntomas gastrointestinales como el dolor abdominal y la diarrea a menudo no son los síntomas principales y pueden incluso no aparecer. En cambio, los síntomas principales pueden ser un crecimiento lento, inflamación articular, fiebre o debilidad y fatiga derivadas de la anemia.

¿Cuáles son las complicaciones?

Las complicaciones habituales de la inflamación consisten en fibrosis que pueden causar una obstrucción intestinal y úlceras profundas que penetran a través de la pared del intestino y que pueden crear bolsas de pus (abscesos) o canales de comunicación anormales entre el intestino y otros órganos (fístulas). Cuando el intestino grueso está extensamente afectado, generalmente se acompaña de hemorragia rectal. Después de varios años, el riesgo de que se desarrolle cáncer de colon aumenta enormemente. En otras partes del cuerpo, las complicaciones incluyen cálculos biliares, inadecuada absorción de nutrientes, infecciones de vías urinarias, cálculos renales. Cuando se produce un brote de enfermedad de Crohn, el paciente también puede experimentar inflamación de las articulaciones (artritis), llagas en la boca (estomatitis), nódulos cutáneos dolorosos en brazos y piernas (eritema nodoso), inflamación del blanco del ojo (epiescleritis).

¿Cómo puede controlarse a través de la dieta?

El objetivo principal de la dieta en la enfermedad de Crohn es prevenir y corregir la desnutrición calórico-proteica y otros déficits de nutrientes que acompañan a ésta enfermedad. Hay que prestar especial atención a la ingestión adecuada de proteínas, calcio y hierro. Las fuentes principales de proteína deberán obtenerse del huevo, las carnes y pescado. Las fuentes de calcio a través de verduras como acelgas y espinacas. El hierro sobre todo en las carnes rojas. Este objetivo de prevención y tratamiento de la desnutrición debe compaginarse con el de no empeorar, y si es posible, mejorar, los síntomas de la enfermedad (dolor abdominal, diarrea, etc.). El resto de la dieta deberá probarse a tolerancia de la persona, pero siempre tratando de evitar el consumo ilimitado de alimentos altos en fibra, como las habas, los guisantes y garbanzos. Carnes con alto contenido en grasas como la carne de cerdo; embutidos, lácteos, condimentos picantes, así como irritantes como el café, el alcohol, chocolate y el tabaco. Por último, se enfatiza la importancia de beber mucha agua para evitar la deshidratación (mínimo 2 lts.), comer alimentos ligeros en pocas cantidades, con poca grasa y poca fibra.

Fuente: Merck, Sharp & Dohme. (2013). Manual Merck de Información Médica General. 3era edición. (vol. 1, pp 210-213). España. Editorial Océano.

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