El Poder de la Mente
¡Hola de nuevo! En el mes de las vacaciones, la playa y los paseos, quiero relatarte un caso un tanto diferente.
Se trata de una paciente que, al verla por primera vez en la consulta noté de inmediato su belleza, era muy alta, delgada, era también una mujer muy preparada académicamente, con un negocio propio; todo parecía indicar que lo tenía todo…pero a veces no nos imaginamos el estado tan deteriorado que pueden llevar las personas por dentro. Estaba seria, un poco callada, como decaída.
Su motivo de consulta era que presentaba en área vulvar, un liquen. Un liquen es una lesión en la piel, que se origina como una erupción que genera comezón, y el rascado frecuente ocasiona que la piel en dicha lesión se torne gruesa y áspera, es decir, que se “liquenifique”.
Había acudido previamente con ginecólogos y su lesión ya había sido tratada con medicamentos orales, tópicos, incluso con láser, y la lesión permanecía. Tuve por momentos el pensamiento “¿si un especialista no se lo pudo quitar, por qué piensa que un médico general lo hará?”
Pero la lección también fue para mí. Platicando con ella, me di cuenta del verdadero problema. El factor emocional era determinante. Le comenté que existía un padecimiento conocido como urticaria, que consiste en la aparición de ronchas rojizas y elevadas en la superficie de la piel y que normalmente son producto de una reacción alérgica, pero también pueden ser causadas por el estrés emocional. Mi teoría era que, el problema original era la urticaria, y al haberse manifestado en un área de constante fricción, era difícil que sanara la lesión y ésta se había tornado ya en algo crónico.
Su tratamiento fue integral, con una dieta apropiada para ella; le prescribí medicamento oral y tópico y a pesar de que no obtuve mucha información sobre su situación emocional actual, tomé el riesgo, le sugerí algunos títulos de libros que pensé podían ayudarle. Y así, uno se encomienda a Dios esperando nos ilumine y darles lo que verdaderamente necesitan.
A las dos semanas tuve la oportunidad de verla, y la sorpresa era que, ¡la lesión había cedido! A la vez, había perdido 3% de grasa y 2.200 kgs, que era lo que ella buscaba, pero lo que era evidente a la vista, era el brillo que tenía. Había seguido el tratamiento al pie de la letra, incluso comenzó la lectura de uno de los libros que comentamos. Estaba radiante, luminosa, como si la limpieza por dentro, se hubiera reflejado en su exterior. Siempre pienso cuando veo a un paciente por primera vez, que las sonrisas al final de la consulta son las que más me gustan, pero cuando ya los conozco, la sonrisa cuando llegan, es la que más me satisface. Y la sonrisa de ella cuando la ví por segunda vez está tatuada en mi mente.
Su paso por la consulta fue breve, pero el aprendizaje que ella nos deja es infinito. Muchas veces el origen de nuestros padecimientos viene de nuestras emociones, y podemos intentar todos los remedios, pero en ocasiones, si no tratamos la enfermedad espiritual, los síntomas físicos persistirán.
Puede ser un camino largo, y seguramente su travesía no ha concluido, pero dar el primer paso y saber cuál es el problema, nos pone más allá de la mitad del camino.
Te invito a que tú también des ese primer paso y comiences, eso es lo difícil. Porque más vale prevenir, que curar.