Una visita de lejos
Se trata de una paciente que venía desde Zacatecas porque buscaba, decepcionada de la medicina alópata, una cura para su padecimiento. Nos había conocido a través de las redes sociales y le interesaba principalmente que alguien le pudiera decir con exactitud cuál era su problema de salud.
Me comentaba que ella lidiaba crónicamente con una condición en la piel que le impedía hacer su vida de manera normal, era algo muy molesto y ningún tratamiento mejoraba sus síntomas. Había acudido anteriormente con diferentes doctores y me platicó incluso, que el médico de la empresa en la que laboraba le había dicho que su enfermedad era “herpes nervioso” y de tratamiento le indicó ketoconazol, ¡un antimicótico! O sea que para él la causa era un virus (herpes) pero el tratamiento iba dirigido a un hongo (antimicótico). Pues bueno, así su problema jamás se iba a resolver; su desesperación la trajo hasta Monterrey y en persona a través de la consulta pude hacerle un examen físico y un interrogatorio detallado y al final de ésta mi diagnóstico era muy claro: psoriasis.
Incluso cuando se lo comenté, como sacando una memoria guardada en un baúl por años me decía: “¡de hecho mi papá tenía psoriasis! No lo recordaba”. Así, fue necesaria la prescripción de medicamento en crema y la plata coloidal para favorecer la correcta cicatrización de sus lesiones. Su dieta consistió en eliminar alimentos excedentes en químicos que pudieran exacerbar o agravar su padecimiento.
Ella tuvo la mala suerte de encontrarse con médicos no comprometidos con su vocación. Pero para mí, que pones tu salud en mis manos, buscar tu mejor interés y ayudarte a conseguirlo es mi tarea. Haber visto a mi paciente irse del consultorio con una gran sonrisa porque por fin sabía lo que tenía y podría tratarlo me causa gran satisfacción.
Tu felicidad es mi felicidad.